Acá estamos y seguimos exigiendo “Ni una menos”
Compartimos rememoraciones del movimiento Ni Una Menos iniciado en el 2015 a nivel nacional y las improntas de algunos recorridos locales para dar cuenta de las memorias feministas sanjuaninas, como una construcción abierta y procesual que va con pasos minúsculos pero potentes. Rememorar nos constituye como sujetas/os, narrar parte de la historia ayuda a reinterpretar, reproblematizar desde nuevas miradas y contextos, pero sobre todo posibilita reimaginar otros mundos deseados.
Ni una menos
«Seguimos escribiendo la historia de nuestras luchas
con cada paso en una renovada marcha. Donde cada vez debemos pisar más firme
porque siguen estando libres quienes pretenden detener nuestros pasos.
Porque en la colectiva Ni Una Menos, desde que nos juntamos a organizar cada detalle
previo a esta marcha, respiramos ese aire de ‘Estamos haciendo historia’..”
(Inicio documento leído marcha Ni Una Menos-San Juan 2017)
Hace 11 años, el femicidio de Chiara Páez de 14 años de edad, caía como gota que rebalsa el vaso de un dolor social hasta entonces invisibilizado: los crecientes femicidios como violencia social machista y estructural. Su propio novio, Manuel Mansilla, de 16 años, la asesinó a golpes, con tres meses de embarazo y la enterró en el fondo de su casa. La conmoción social fue total. Periodistas y comunicadoras como Marcela Ojeda, Ingrid Beck, Florencia Alcaraz, Vanina Escales (sanjuanina), Mercedes Funes, Florencia Etcheves, Marina Abiuso, entre otras, se animaron a alentar una de las movilizaciones feministas más grandes de los últimos años en Argentina y América Latina. El 3 de junio del 2015 se convocó a la movilización bajo la consigna de “Ni Una Menos” gracias al remolino que generó un posteo, en el entonces Twitter, de la periodista Marcela Ojeda que interpeló a actrices, políticas, empresarias, referentes sociales, mujeres todas: «¿No vamos a levantar la voz?. NOS ESTÁN MATANDO». Entonces apareció la propuesta de usar la frase «Ni una mujer menos, ni una muerte más» de la poeta mexicana Susana Chávez, víctima de femicidio. El remolino iniciado en redes sociales crecía a dimensiones de huracán en cada región y provincia de Argentina que se hicieron eco y se empezaron a convocar y organizar grandes marchas para visibilizar que el Estado es responsable de los crecientes casos de femicidios y violencias de género.
En ese entonces, la agenda pública no hablaba de otra cosa: todo grupo humano en sus casas, espacio público, instituciones y medios de comunicación hacían alusión a los femicidios y las violencias de género. Según datos de la Corte Suprema de Justicia en 2015 hubo 235 femicidios (judicializados) y el 58% de los imputados eran sus parejas o exparejas. Mientras que de acuerdo a la Asociación Civil La Casa del Encuentro, en ese mismo año, hubo 286 femicidios. El último informe de la Corte Suprema de Justicia, del 2025, afirma que se registraron 200 víctimas de femicidio en Argentina; al menos en el 83% de los casos la víctima tenía vínculo previo con el sujeto activo. El 59% eran parejas, exparejas u otro tipo de relación sexo-afectiva. El Observatorio de las violencias de género “Ahora que si nos ven”, en colaboración con la Universidad Nacional del Delta, presentó un informe a 11 años del primer Ni Una Menos a partir del análisis de medios gráficos y digitales de todo el país. En él, aseguran que fueron 3205 víctimas letales de violencia de género registradas en estos 11 años: 3144 femicidios directos y vinculados, 46 transfemicidios y travesticidios y 15 instigaciones al suicidio. Un promedio de 1 femicidio cada 31 horas. Los datos importan, los números dicen y cuentan. Pero lo que más cuenta es que en 11 años no hay un organismo estatal encargado de registrar y generar estadísticas, con criterios y métodos diseñados para diagnosticar, proyectar indicadores, planificar y generar políticas públicas de prevención. De hecho, una de las primeras demandas de ese primer Ni Una Menos del 2015 fue solicitar datos estadísticos sobre femicidios a la Corte Suprema de Justicia, para evitar que los estados gubernamentales nacionales y provinciales empiecen con el manoteo del dato final en las fechas de la agenda pública feminista o cuando un caso conmociona desde los medios de comunicación, cosa que todavía ocurre. Pero también están las víctimas que no pueden denunciar, quienes juntan denuncias sin medidas judiciales certeras, víctimas que no llegan a tener presencia en los medios, que quedan en la ‘nada’, que se suman a la lista invisible de las ‘nadie’ y nunca llegan a ser parte de un registro o estadística nacional.
Acercamiento a las memorias del Ni Una Menos en San Juan *
San Juan también se sumó en el 2015 con una gran movilización que ocupó gran parte del centro provincial. Las repercusiones y diversas convocatorias anteriores a la movilización del 3J empujaron a la autoorganización de asambleas previas en la Plaza de la Joroba, con una participación heterogénea de agrupaciones feministas, sindicatos, organizaciones de derechos humanos, representantes de partidos políticos que se autoconvocaron para esa primera marcha del Ni Una Menos. Ya en San Juan, a diferencia de quienes afirman que acá no pasa nada o “es toda conservadora”, hay grandes trayectorias de luchas feministas. Un ejemplo de esto son los encuentros nacionales de mujeres, como el del 2013, que originó la activación de diversas agrupaciones feministas y donde participaron las mujeres trans en comisión por primera vez; los caminos andados por las históricas referentes como las hermanas Lucy y Rosa Collado y toda una historia llena de hitos que hacen a los feminismos cuyanos. En esas asambleas previas apareció el debate por la adhesión provincial a la Ley Nacional 26485 de Protección Integral a las Mujeres que fue sancionada en el 2013 y que no tenía vigencia en San Juan. Fue recién en noviembre del 2019, y luego de muchos pedidos de implementación local, que se consolida su aplicación con el Decreto Reglamentario 16 O que tiene el objeto de garantizar la aplicación integral y efectiva en todo el territorio de la Provincia de San Juan la Ley de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. La primera marcha del 3J Ni Una Menos en San Juan fue realmente excepcional en cuanto a cantidad de personas que se sumaron. La marcha estuvo fraccionada en tres: la convocada por asambleas previas y diversas organizaciones sociales, la del Gobierno de San Juan (a cargo de Sergio Uñac) que dispuso un gran escenario en la Plaza 25 de Mayo con una convocatoria que quiso aprovechar el contexto con un discurso poco claro, y el Movimiento de Mujeres Sanjuaninas que propuso marchar con otro ritmo. Tres fuerzas que planteaban diversos modos de mirar, organizar y exponer una problemática social como la violencia de género que definitivamente quedó instalada en la memoria colectiva de San Juan y Argentina.

Luego siguieron los espacios asamblearios de las agrupaciones convocantes y poco a poco se fue consolidando la colectiva “Ni Una Menos San Juan”, con momentos de gran organización asamblearia, colectiva y de vinculación territorial. La dinámica organizacional devino en la posibilidad de organizar comisiones de trabajo. Además, las diversas acciones desde lo comunicacional fueron estratégicas: los debates sobre las formas, tonos y discursos para convocar a diversas acciones y movilizaciones; las consignas como herramientas de lucha fundamentales; las campañas que permitieron consolidar en la agenda pública no solo el 3J; los 8M con los Paros Internacionales de Mujeres y los 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y Diversidades. Además de las diversas acciones territoriales como acompañamientos de mujeres y diversidades en situación de violencias, acompañes colectivos en sentencias judiciales a femicidas de diversas situaciones de violencias a víctimas sanjuaninas, festivales, acciones por la efectiva implementación de la ESI (Educación Sexual Integral) y artivismo, entre otras. Pero uno de los hitos que marcó el poder colectivo fueron las diversas estrategias de lucha que se generaron para tener hoy la Ley 27.610 de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Se realizó un trabajo estratégico en redes con comunicadoras y periodistas nacionales y locales, acciones de lucha y visibilización como los pañuelazos y conversatorios. Lo comunicacional fue, nuevamente, una gran herramienta de incidencia social y política a través del desarrollo de mensajes y discursos con sentidos estudiados y trabajados colectivamente. Se hizo hincapié en el enfoque en los derechos sexuales reproductivos y no reproductivos, los contenidos testimoniales, el ejercicio del cruce interseccional (como la visibilidad del embarazo de niñas y adolescentes por abusos sexuales con el lema “Niñas, no madres”), y la visibilidad de datos oficiales del sistema de salud nacional y locales que posicionaban al Aborto Legal como un derecho de mujeres y personas gestantes en el sistema de salud público nacional y provincial.

Después vino la falta de encuentros presenciales producto del contexto de pandemia por el covid-19. La vuelta al encuentro en las calles fue a fines del 2021 con mucha alegría y la criminalización de la protesta en el marco de la marcha por el 8M en el 2022. Toda la maquinaria de represión local (estatal, policial, judicial, mediático) se activó frente a una pintada en la pared de la Escuela Normal Sarmiento (que ya estaba colmada de diversas pintadas, sin registro de cuidado institucional o vallado) que devino en una denuncia penal en donde el Estado gubernamental actuó como querellante. La denuncia del entonces director de Patrimonio Cultural de la provincia, arquitecto Jorge Martín, desencadenó un tratamiento excesivamente disciplinador contra el movimiento feminista local y sobre integrantes de Ni Una Menos San Juan por sospechas de ser autoras de “escrituras de contenido sexista y alegóricas a la pretensa lucha contra la figura masculina”, tal como aparece en la denuncia. Los medios de comunicación local replicaron la identificación total y parcial de las consideradas “cabecillas”, “vandálicas”, “perpetradoras” asumiendo el hecho delictivo sin enfoque en derechos ni opción a la presunción de inocencia.
Sin embargo, nada frenaría la fuerza colectiva de la ola feminista y trasfeminista sanjuanina que impuso el “¡Vivas Nos Queremos!”.

Devino, luego de diversos debates, sumar la X en la identidad del colectivo para dar paso a la inclusión de las diversidades sexuales y trans con la denominación de “Ni UnX Menos San Juan”, ya que algunas fracciones feministas más radicales se niegan, aún hoy, a reconocerlxs. Porque el feminismo no es uno solo y homogéneo, sino que está constituído por diversidades de luchas desde diversos sectores específicos, con demandas específicas. Simplificar el movimiento feminista es perder la mirada interseccional, muldidimensional, compleja e indisciplinada de la vida real.
Así se llevan 11 años de lucha colectiva.

Hoy, los femicidios de Agostina (14 años) y Dulce (17 años) vuelven a derramar el infinito dolor de la injusticia machista. En ambos se evidencia la indiferencia del sistema policial y judicial para recibir denuncias y poner a andar la estructura de alertas para encontrar a las niñas y adolescentes mujeres que desaparecen. La vergüenza del fiscal felicitando a los perros y negándose a usar la palabra femicidio y las insistentes imágenes de las bolsas de residuos en un descampado. Se suma el contexto social y político de la reacción conservadora en todo el mundo, que vuelven a poner en cuestión las violencias machistas, y redoblan la apuesta para generar odio a las diferencias humanas o promover una artificial ley sobre “denuncias falsas”, más el desfinanciamiento de políticas y espacios estatales que se ocupan de la prevención y atención de violencias de género. La evidencia de la desidia de los estados gubernamentales nacionales y provinciales tienen hoy el nombre de Agostina, Dulce y el de las 3205 víctimas letales de violencia de género registradas en estos 11 años.
Pero este 3 de junio quedó claro. La potencia de la marea feminista y transfeminista sanjuanina sigue moviéndose y creciendo. La ola feminista contemporánea hoy es océano de cambios y derechos que sigue moviéndose al ritmo de las mareas sociales y corrientes de lucha.
Acá estamos, seguimos y seguiremos exigiendo Ni Una Menos.
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Gabriela Lucero es Docente, investigadora y extensionista. Escrito en el marco del Proyecto “Memorias Feministas de San Juan” y Esp. Curricular “Comunicación con Enfoque de Géneros”- FACSO-UNSJ.
* Rememoraciones- archivo personal de Dolores Córdoba y Gabriela Lucero para Proyecto de Extensión “Memorias Feministas de San Juan”-Depto de Ciencias de la Comunicación-FACSO-UNSJ.
La foto de portada corresponde a la Marcha del Pañuelazo de Ni Una Menos San Juan de 2018. Créditos: archivo personal de Gabriela Lucero.

