Demasiada responsabilidad sobre nuestras tetas

Demasiada responsabilidad sobre nuestras tetas

Estamos atravesando la Semana Mundial de la Lactancia Materna. El algoritmo de redes sociales de mujeres embarazadas y mujeres que maternan se llena de publicaciones y sobreinformación sobre el deber ser, lo que es y lo que no es la lactancia materna exclusiva. Datos que informan, alarman, generan culpa, miedo, incertidumbre, dan cuenta de la soledad, la falta de recursos, la precariedad laboral, podemos mencionar un infinito etcétera. A veces, también leemos publicaciones que permiten darnos cuenta de que sí podemos, que estamos disfrutando, que valió la pena el dolor, que lo logramos. ¿A qué costo? Uno muy alto. 

No pretendo escribir, debatir, ni informar sobre los beneficios que trae la leche humana y la lactancia materna exclusiva. Para mí, no está en discusión la maravilla de superalimento que generamos las mujeres con nuestro cuerpo. Los beneficios son trascendentales en la vida del lactante y de la persona que amamanta. Beneficios físicos, cognitivos, psicológicos y emocionales y muchos etcéteras extremadamente positivos. Sólo las empresas productoras de leche de fórmula podrían discutirnos o generarnos dudas.

De lo que sí quiero escribir es sobre las condiciones en las que nos encontramos las mujeres y personas que amamantamos a la hora de dar la teta. Tener una lactancia, más larga y/o más “exitosa” depende, lamentablemente, de las distintas redes que nos acompañen y de nuestros contextos más o menos privilegiados y no de nuestra decisión.

Surgimiento de la efeméride

La conmemoración de la Semana Mundial de la Lactancia Materna fue instaurada oficialmente en 1992 por la Alianza Mundial pro-Lactancia Materna (WABA), con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF. Surge luego de la firma de la Declaración de Innocenti en 1990, que marcó un compromiso global por proteger, promover y apoyar la lactancia materna.

Cada año se establece un lema para esta semana. Este año es: Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona. 

Siempre los lemas de esta fecha me generan un poco de contradicción. Pensar a la lactancia materna como la responsable de que la vida sea sostenible se siente un poco pesado. Demasiada responsabilidad sobre un par de tetas. ¿La vida será sostenible o no dependiendo de la leche materna? La realidad es que en muchos casos sí. Según Unicef, mejorar las prácticas de lactancia a nivel mundial podría salvar la vida de 820 mil niños y niñas al año. 

Luego me pregunto: ¿fortalecer lo que funciona? ¿Qué funciona? La Alianza Mundial pro-Lactancia Materna (WABA) este año busca celebrar los logros obtenidos hasta el momento, examinar qué estrategias están dando resultado, identificar brechas y promover acciones basadas en evidencia que puedan ampliarse y sostenerse en el tiempo. Necesitamos, que lo que funciona se democratice, que sea política pública, derecho y garantía. 

En Argentina, según la Encuesta Nacional de Lactancia (ENaLac) realizada por el Ministerio de Salud de la Nación en 2022, 97 de 100 bebés reciben lactancia materna al nacer. A los 2 meses la reciben el 53% de bebés; a los 4 meses, el 49%; y a los 6 meses sólo el 44% del binomio madre/bebé ha podido sostener la lactancia materna. ¿Qué pasó en el medio con el otro 66%?

Los números en nuestro país nos dicen que hay muchas cosas que no están funcionando porque para la OMS la lactancia materna debe ser exclusiva como mínimo hasta los 6 meses.

La lactancia no es un acto individual, es una responsabilidad social y colectiva

La reducción de la maternidad al ámbito privado es la razón que causa la mayor cantidad de problemas en las maternidades y crianzas. La crianza debe volver a considerarse una responsabilidad social y colectiva. Ya lo evidencia el proverbio africano: Para criar un niño hace falta una aldea.

La sociedad altamente productivista en la que vivimos es “un ambiente social y económico que menosprecia la dependencia humana” (Vivas, p. 46). En este escenario, las mujeres no estamos cómodas y tranquilas dedicando el tiempo necesario a dar la teta a libre demanda, nos sentimos y asumimos IMPRODUCTIVAS. No podemos pensar en TODO lo que nuestro cuerpo le está aportando a la vida más amada que podamos tener. Estamos pensando en todo lo que NO estamos haciendo mientras estamos sentadas dando una teta. Todo lo que no estamos haciendo en casa y fuera de ella. 

“¿Y si hago otra cosa y me olvidó de ella? ¿Si me dedico a ella y no hago nada más? ¿Le dedico mucho tiempo al trabajo? ¿Ya se olvidaron de mí?”, se pregunta la cantautora chilena Francisca Valenzuela en su poema Debería tomar más agua. Esas son las preguntas que resuenan en las cabezas de las madres.

Desde que las mujeres salimos del encierro del hogar y la maternidad como destino para sumar a nuestra mochila de cargas el trabajo remunerado los estándares con los que debemos cumplir son: trabajar como si no tuviéramos hijos, maternar como si no trabajáramos y vernos como si no fuéramos madres. Las cargas se han duplicado, exclusivamente para las mujeres, y la sociedad no deja de apuntarnos con el dedo para contar nuestros éxitos y nuestros fracasos, como si no fuera suficiente mantener con vida a una persona.

La lactancia materna se suma a nuestra carga mental, el estrés que genera la responsabilidad de que nuestra bebita o bebito aumente de peso en los primeros días de vida es muy pesado. Mirar la balanza en los primeros controles pediátricos es más duro que mirar nuestros propios pesos en la adolescencia. Puede ser un alivio y una gran satisfacción. O una cruz muy pesada. 

La mirada y las palabras del personal de salud y de la familia en esos momentos son cruciales, pero fundamentalmente no puede quedarse todo en el plano simbólico. Necesitamos acciones.

En el ámbito privado, en la casa, una mamá que se sienta a dar la teta no sabe a qué hora se va a levantar, de eso se trata la libre demanda. El o la bebé toman la cantidad de leche que necesitan, a veces deben regular su temperatura, a veces tienen que sentirse seguros porque no conocen el ambiente y todo eso implica estar pegados al pecho de su mamá. Nada es capricho, todo es necesidad. Mientras tanto, necesitamos tomar agua, alimentarnos. Mientras tanto hay que comprar alimentos, pagar el agua, trabajar para pagar esos alimentos y el agua, comprar pañales, tener plata para los pañales. Limpiar la casa. Si hay más hijas o hijos también hay que cocinarles, bañarlos, llevarlos a la escuela, ayudarles con sus tareas, acunarlos, leerles, amarlos.

¿Cómo cocinamos, hacemos tareas, bañamos, llevamos a la escuela, acunamos, leemos y amamos con escasas horas de sueño en nuestro cerebro? ¿Cómo hacemos todo eso volviendo al trabajo remunerado? ¿Cómo hacen eso las mamás que no tienen trabajo y sólo pueden vivir al día? Las realidades son más crudas en contextos menos privilegiados, más precarizados o empobrecidos.

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La leche humana es gratis, pero tiene costo

Dar la teta implica no gastar en la compra de fórmula, cada lata es cara y se requieren muchas latas o cajas para un bebé que toma a libre demanda por mes. Podríamos sacar una cuenta estimativa del dinero que nos ahorramos si damos la teta. Sin embargo, eso no implica que dar la teta no tenga un costo. Los costos son altos y todos los paga nuestro cuerpo.

¿Por qué? Implica un desgaste físico enorme, producir leche consume el 25 % de la energía de nuestro cuerpo. Para comprenderlo en modo fitness, equivale a correr entre 8 y 10 km diarios (#elijocreer porque las únicas maratones que corrí en mi vida fueron dando la teta). Sumado al tiempo en el que nos extraemos leche para armar un banco, cuando nos ausentamos. Podemos no gastar en fórmula, pero sí en consultas con puericultoras, extractores y recipientes para almacenar la leche. 

Es dedicación exclusiva día y noche que se convierte en un costo emocional. Si bien nuestro cuerpo es perfecto y dar la teta libera oxitocina y baja el cortisol favoreciendo la conexión y estados de calma real, estos no pueden darse si el sistema nervioso está en estado de alerta. ¿Por qué estaríamos sintiéndonos amenazadas? (Se abre un abanico de posibilidades para contestar esta respuesta). La falta de sueño no es un costo menor. ¿Cuánto se puede no dormir? 

Todo ese tiempo que dedicamos a “estar sentadas con el bebé en la teta”, no lo estamos dedicando a nuestro trabajo, a producir dinero. Mientras los varones siguen creciendo laboral y económicamente nosotras nos empobrecemos dando la teta.

En fin, el dinero que ahorramos en comprar fórmula nos pasa factura en energía, tiempo y oportunidades.

Más costos…

Si ponemos en un segundo plano nuestro cuerpo hay otro costo a evaluar en esta conversación: el costo medioambiental. Ya que “para obtener un litro de leche de fórmula en polvo se necesitan, ni más ni menos, que 4.700 litros de agua, mientras que dar la teta no requiere suministro alguno y ahorra agua. De aquí que la leche materna se considera el alimento más sostenible, ya que genera cero residuos, cero gases de efecto invernadero y una huella hídrica igual a cero” (Vivas, p. 272). Entonces, la lactancia materna como práctica es una expresión de soberanía alimentaria y de cuidado del medioambiente. ¿También tiene que pesar sobre nosotras la sostenibilidad del agua y de nuestro planeta?

Trabajo remunerado y conciliación laboral 

En Argentina, el hecho de ser madre o padre es un factor predictor de pobreza. Es decir, “tenés más posibilidades de estar en situación de pobreza porque si bien hay una cuestión aritmética básica, que es que tenes que dividir el ingreso entre más personas, además hay un montón de otras dificultades de seguir generando niveles de ingresos similares a los que generabas antes de tener hijes”. Esto lo explica Gala Diáz Langou, directora ejecutiva del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) entrevistada en el capítulo: “Las barreras invisibles de la lactancia” del podcast Comadrepodcast. 

Nuestro país reconoce la lactancia como un derecho humano a través de la Ley Nº 26.873. También establece la promoción de la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de vida e impulsa la creación de espacios de lactancia en ámbitos laborales e institucionales. ¿Se entiende? La lactancia es un derecho humano y tenemos una ley. Ya sabemos que nadie quiere pensar en las madres… pero ¿alguien quiere pensar en los niños y las niñas? Nadie piensa en nadie, incluso esto se pone peor porque no todas las madres estamos en las mismas condiciones. ¿Noticia para quién? Nadie. 

Las mujeres que además de realizar trabajos de cuidado en casa trabajamos remuneradamente tenemos realidades muy diferentes. Por un lado, tenemos al conjunto más privilegiado que son las mujeres que trabajan en relación de dependencia en situación formal registrada, ya sea en empleo público o privado como yo, docente universitaria. Después están las trabajadoras independientes, autónomos o monotributistas que, si dejan de trabajar, dejan de tener ingresos. Pero si tienen ingresos dejan de cuidar y lactar. Cualquier opción tiene un costo muy alto, es una dicotomía. Luego están las mujeres en la completa informalidad y por último hay mujeres que no tienen posibilidad de salir a trabajar remuneradamente. 

Con esto quiero decir que hablar de las políticas de cuidado que de por sí son escasas e insuficientes solo somos alcanzadas menos de la mitad de las madres en nuestro país. 

Al final, pensar en “lo que funciona” es cada vez más difícil en este contexto en nuestro país. La frase conciliación laboral implica hacer malabares.

Políticas universitarias y espacios amigos de la lactancia en la UNSJ

Al hacer foco en la comunidad universitaria pública nacional podemos citar el informe “Políticas de cuidados en instituciones universitarias” realizado por la Red Interuniversitaria por la Igualdad de Género y contra las Violencias (RUGE – CIN) entre los años 2022 y 2023. Allí se obtuvieron respuestas provenientes de cuarenta (40) instituciones universitarias(IIUU), de las 66 que componen la Red a lo largo y ancho del país. Sólo me centraré en comentar dos de las cuestiones relevadas: la existencia de lactarios y las licencias ampliadas por paternidad. 

Respecto de los lactarios el 50% de las IIUU tienen lactarios contra el 50% que no. El primer lactario en una universidad data del año 2014 y luego, la mayoría han sido creados entre 2019 y 2022.

En la UNSJ, comenzaron a crearse lactarios en las distintas unidades académicas en el marco de un convenio con el Gobierno de la Provincia de San Juan a través del Programa Provincial de Lactancia. Estos espacios se cerraron durante la pandemia, luego se re abrieron, re inauguraron y, mal que nos pese, se re cerraron. 

Para quienes no saben bien de qué se trata un lactario, no hay mucha ciencia, se necesita: una sala, una silla, un enchufe y una heladera. ¿Se necesita una habilitación especial para poner una silla y una heladera en una sala? No sé. Tampoco sé por qué si existió la voluntad política para ceder un espacio y dedicarlo a la promoción de la lactancia y el acompañamiento de las trayectorias estudiantiles y laborales de la comunidad universitaria no se mantuvo. Cuando son tan pocas las cosas que funcionan ¿por qué no las mantenemos? Necesitamos que las políticas sean permanentes, estables y que mejoren con el tiempo.

Por otro lado, al ser consultadas por las licenciadas ampliadas por paternidad el informe de la RUGE dice que el 52,5% de las instituciones universitarias establecieron licencias ampliadas por paternidad, las cuales favorecen una mayor redistribución de las tareas de cuidado.

Nuestra universidad en su Régimen de Licencias, Justificaciones y Franquicias para el Personal Docente cuenta con licencia por maternidad (4 meses de licencia con goce de sueldo), post maternidad (90 días más con goce de sueldo), paternidad (30 días para el padre con goce de sueldo) y parentalidad (30 días con goce de sueldo, en el caso de una madre no gestante o persona que cuide de la gestante y bebé).     

¿Es suficiente? No lo sé, pero sí es muchísimo más que lo que tiene la mayoría de las trabajadoras y trabajadores en Argentina. Es una política con una mirada amplia sobre la crianza. Que considera que la mujer o persona gestante no es la única responsable de la vida de un recién nacido, que necesita ayuda y sostén. Es una política que entiende que es un derecho del padre o madre no gestante y del bebé tener tiempo para establecer su vínculo. Estas políticas que implican un esfuerzo económico para una institución cambian la vida de muchas familias, son las que funcionan, las que necesitamos que se repliquen, se mantengan y se profundicen. Este tipo de políticas son las que construyen la CORRESPONSABILIDAD que necesitamos entre el Estado, el mercado laboral y la comunidad para lograr una redistribución equitativa de las tareas de cuidado y domésticas.  

En mi caso particular, poder tomar mi licencia por maternidad y luego poder optar por la post maternidad, cuando nació mi segunda hija fue sumamente positivo. No significa que fue ideal y romantizado. Sino que me permitió establecer la lactancia materna, atravesar en casa la parte más difícil del puerperio, me dio tiempo para dedicarme exclusivamente a cuidar y cuidarme. No fueron vacaciones, no fue descanso. Fue tiempo productivo dedicado a hacer una persona, literal. Crear y criar a mi nueva bebé mientras seguía criando y cuidando a mi hija mayor. 

Para cerrar con lo autorreferencial puedo decir que he tenido lactancias prolongadas y sumamente disfrutadas, gracias exclusivamente al sostén incondicional de mi esposo, a mucho esfuerzo personal, a que asumí muchos costos, pero también gracias a las situaciones laborales de privilegio que sé que no las tenemos la mayoría de las mujeres. Por eso esta nota, porque creo que la lactancia tiene que poder ser una decisión para todas las personas con capacidad de amamantar.

Reconocimiento de la puericultura: otra necesidad para sostener lactancias

La puericultura es una disciplina científica y de salud que abarca el desarrollo, el cuidado y el crecimiento de las infancias desde el embarazo hasta los primeros años de vida y comprende varios enfoques. Por ejemplo, el enfoque desde la crianza, el apego o la lactancia materna. Últimamente, la palabra puericultura no es ajena al mundo de la maternidad. Cualquier problema con la teta entre “mamis” podemos recomendarnos consultar o al menos seguir en las redes a una “pueri”. Y si bien puede parecer una moda, no lo es. Las puericultoras son profesionales que se están abriendo paso en el sistema de salud y buscan reconocimiento legal.

Cuando consulté a Paula Busso, puericultora, licenciada en enfermería y docente universitaria acerca de la importancia de su trabajo en el sistema de salud me cuenta que su aporte es fundamental porque son las que ayudan y fomentan la lactancia materna, son las especialistas. Si bien hay otros profesionales de la salud que desde su área pueden colaborar, en su formación básica apenas tienen una o algunas materias sobre puericultura y lactancia, no estudian la temática con la especificidad y profundidad con la que se la aborda en la carrera de puericultura. Cuando hay falta de conocimiento o de actualización una indicación errónea puede hacer la diferencia entre un acompañamiento exitoso y una lactancia interrumpida. 

Al charlar sobre cuáles son las acciones que hacen que una lactancia prospere y pueda llegar al mínimo de 6 meses que establece la OMS Paula dice “que son muchas las cosas que funcionan. La primera es la empatía que creo que es lo que falta muchas veces. Funciona también la hora sagrada, que se sabe que es indispensable poner los niños al pecho en su primera hora de vida. Por ejemplo, acá en San Juan casi no se respeta. Funciona el apoyo integral a las madres en todas las etapas de la lactancia, funcionan también las licencias de maternidad que deberían ser un poco más largas. Todo esto sí funciona y creo que deberíamos replantearnos todos como estamos apoyando a las madres que quieran dar la teta”. 

Actualmente en nuestra provincia quien necesita una consulta de lactancia debe pagar de forma particular una consulta con una pueri, así también estas profesionales tienen restringidas sus posibilidades laborales. Según me contó Paula, en San Juan las puericultoras están trabajando para que se reconozca su profesión. Por un lado, con el Ministerio de Salud para lograr ser parte de los equipos sanitarios públicos y privados y por otro, también gestionan ante el Ministerio de Educación el reconocimiento del título.

Tenemos toda la teoría de lo que sí debe hacerse, falta que los encargados de llevarlo a la práctica se hagan cargo. La lactancia no es un asunto de la privacidad de una madre es una cuestión de salud pública.

Para terminar…

Al fin puedo ver con claridad esta Semana y cerrar mi cuestionamiento alrededor del lema: Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona. Me corro del centro para decirme y decirnos que no hay que tomarlo personal. El lema no se dirige a nosotras las mujeres que damos la teta, esta carga no es nuestra. No es para generar más culpas de las que llevamos las madres si no para para equilibrar esas cargas. 

La crianza, y dentro de ella la lactancia, tiene que estar sostenida de forma colectiva. Nunca más la responsabilidad sobre las mujeres solas, recluidas, aisladas como quiere el patriarcado y el capitalismo. Necesitamos más redes, más sostén, más compañía. Así como nuestro/a bebé se regula con nuestra teta, los latidos de nuestro corazón y con el contacto corporal; nuestros cerebros también necesitan regulación. 

Necesitamos que los estados, las empresas y organizaciones y la sociedad dejen de opinar sobre nuestras decisiones y se pregunten qué necesitamos las mujeres para sostener una lactancia. Necesitamos que pregunten y actúen.

Rachel Cusk en Un trabajo para toda la vida (2012) dice que las mujeres embarazadas y puérperas sólo necesitan que los demás sean amables con ellas, y dado lo infrecuente de ello, la solución es ser amables las unas con las otras (p. 51). 

Mientras tanto, mientras seguimos luchando para garantizar nuestros derechos y los de nuestros hijos e hijas. Entre la crueldad y la ausencia. Siguiendo a Cusk al menos aspiro a más amor, por favor.

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*María Luz Nievas es docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales. Mamá de dos niñas. Coordinadora del Grupo de Estudios Leer a las Madres (GEICOM – FACSO).

*Créditos foto de portada: María Luz Nievas

*Textos citados/Bibliografía/Para más información:

  • RÉGIMEN DE LICENCIAS, JUSTIFICACIONES Y FRANQUICIAS PARA EL PERSONAL DOCENTE DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
  • VIVAS, E. (2020) Mamá desobediente: Una mirada feminista a la maternidad Ediciones Godot, Buenos Aires.
  • ÁLVAREZ TRONGÉ, M. (2023). Algo explotó acá adentro. España: En el mar Editorial.
  • CUSK, R. (2001). Un trabajo para toda la vida. Sobre la experiencia de ser madre. Barcelona: Libros del Asteroide.
  • CUSK, R. (2012). Despojos. Sobre la experiencia de ser madre. Barcelona: Libros del Asteroide.
  • LAZARRE, J. (1976). El nudo materno. Barcelona: Editorial Las Afueras.
  • RICH, A. (1976). Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia e institución. Madrid: Traficantes de sueños.



María Luz Nievas

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