Las manos cansadas del cuidado: trabajo informal y largas jornadas en Jáchal
Desde hace siete años, Irene trabaja como cuidadora cama adentro. Detrás de una tarea esencial para la vida cotidiana se esconden jornadas extensas, falta de aportes y condiciones precarias que, en Jáchal, pueden llegar a reflejarse en salarios de apenas $1200 por hora, casi cuatro veces menos que los $4.801,52 que establece la escala legal vigente, según denuncia el sindicato del sector.
Irene sale de su casa, en Jáchal, a las cuatro de la tarde rumbo a una jornada que puede terminar pasada la medianoche. En este departamento del norte sanjuanino, muchas tareas de cuidado se desarrollan puertas adentro. Como otras trabajadoras jachalleras, cuida a una persona mayor, trabaja sin aportes y sostiene una responsabilidad que no admite pausas.
“Amo mi trabajo”, dice Irene. Lo repite varias veces, incluso cuando habla del cansancio, de los dolores de espalda o de las noches en las que apenas puede dormir. Tiene 50 años y desde hace siete trabaja cuidando personas mayores en Jáchal. Sale de su hogar a media tarde con ropa cómoda, abrigo y una mochila donde guarda elementos de higiene y mudas extras. A veces toma colectivo. Otras veces, remis. Cuando llega a su trabajo, lo primero que hace es acercarse a la mujer mayor a la que acompaña. La saluda, le pregunta cómo durmió y revisa si hubo cambios en su estado de salud. Después empieza una rutina larga y silenciosa: medicación, asistencia en el aseo personal, tareas de la casa, preparación de comidas, ejercicios, compañía y atención constante. Irene resume esa dinámica en una frase: “Cama adentro, sos la primera en levantarse y la última en acostarse”.
Esa jornada puede extenderse hasta la una de la mañana. Aunque se acueste a esa hora su labor no termina del todo ya que duerme en el domicilio y a las ocho del día siguiente ya vuelve a estar despierta para empezar otra vez. Dice que lo más agotador no es solamente el trabajo físico, sino estar atenta todo el tiempo: escuchar cualquier movimiento; dormir pendiente de que alguien la necesite. El cansancio se acumula y, como ella misma reconoce, “mi cuerpo pide descanso”.
Las manos cansadas son la imagen que mejor representa su trabajo. Lo dice sin pensarlo demasiado. Las manos que bañan, cambian ropa, sostienen cuerpos, acomodan almohadas y preparan remedios. Las mismas manos que una mujer mayor busca cuando tiene miedo o inseguridad. “A veces ella me da la mano para sentirse segura”, cuenta Irene. “Y eso me da alegría porque significa que estoy haciendo bien mi trabajo”.
Las tareas de cuidado ocupan un lugar central en la vida cotidiana de muchas familias. Cuidar a una persona mayor implica acompañarla, asistirla en actividades básicas y garantizar su bienestar diario. Sin embargo, pese a la importancia social de esta labor, gran parte de las trabajadoras del sector desarrolla sus tareas sin reconocimiento laboral pleno ni acceso a derechos básicos.
Pese a la importancia social de esta labor, gran parte de las trabajadoras del sector desarrolla sus tareas sin reconocimiento laboral pleno. Según un informe publicado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), cientos de miles de personas se desempeñan como trabajadoras de casas particulares en Argentina y alrededor del 98 % son mujeres. Además de sostener sus propios hogares, muchas permiten que otras personas adultas puedan trabajar o estudiar mientras ellas se ocupan del cuidado de niños, personas mayores o personas con discapacidad.
Según el Censo 2022, la población ocupada del país que se dedica al servicio doméstico representa el 7,2%; mientras que en San Juan la cifra es del 6,9% (Borcosque, 2026)*. A su vez, de acuerdo a datos difundidos en 2023 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), solo el 20% de las trabajadoras de casas particulares del país posee un empleo formal.
La situación también es preocupante en San Juan. Stella Marys Zalazar, secretaria general del Sindicato de Empleadas de Casa de Familia (SIN.DE.CAF), señaló que durante una visita a Jáchal encontró trabajadoras que cobraban apenas $1200 por hora, una cifra alarmante si se contrasta con la escala salarial legal vigente. Hacia fines de 2026, para la categoría de «Asistencia y cuidado de personas» sin retiro, la normativa establece un mínimo superior a los $4.800 por hora. Zalazar advirtió que el sindicato está visibilizando el tema y reclamando a la Subsecretaría de Trabajo provincial por mayores controles, ya que muchas mujeres continúan trabajando sin aportes jubilatorios, obra social ni estabilidad laboral, sin respuestas concretas por parte del Estado.
Aunque la Ley 26.844 regula la actividad en casas particulares desde 2013, muchas trabajadoras todavía no pueden acceder plenamente a esos derechos. Irene es una de ellas. Actualmente no está registrada y cuenta que, en más de una oportunidad, tuvo que presentarse a cumplir sus tareas aun estando enferma porque temía perder parte de su salario. «Si faltaba, me descontaban el día», recuerda.
La preocupación por el futuro aparece constantemente. Irene piensa en la jubilación, aunque no sabe si algún día podrá acceder a ella. Tampoco le alcanza el sueldo para cubrir todas sus necesidades. Confiesa que, casi todos los meses, se ve obligada a postergar la compra de ropa, calzado y cosas para su casa. Pero la precariedad no es solamente económica. También hay desgaste emocional. Irene extraña momentos familiares, siente angustia cuando no puede descansar y le cuesta dormir en una casa ajena. “Son otras costumbres”, explica. “Y siempre está el miedo de que pase algo en mi casa y yo no pueda estar”. “Nos capacitamos para hacer este trabajo bien”, reflexiona Irene, uniendo su vocación con el reclamo: “Lo único que pedimos es que se valore y que nos paguen como corresponde”.
Aun así, habla de su trabajo con cariño. Dice que los momentos más lindos son cuando logra hacer reír a la mujer que cuida o cuando conversan durante horas. La paciente es ciega y muchas veces encuentra tranquilidad simplemente sabiendo que Irene está cerca. “A veces nos quedamos en silencio y ella igual sabe que estoy ahí”, relata.
Mientras miles de trabajadoras sostienen la vida cotidiana de otras personas, sus propias condiciones laborales siguen marcadas por la informalidad y la falta de reconocimiento. En Jáchal, las manos de estas mujeres siguen cuidando a otros todos los días. Manos cansadas que sostienen y protegen, mientras esperan que ese inmenso esfuerzo deje de ser invisible y comience a ser remunerado y valorado con los derechos que merece.
___________________________________________________
*Borcosque, A. L. (2026). Las empleadas domésticas sanjuaninas: un estudio de la configuración del empleo en el servicio doméstico en el Gran San Juan (2024-2025). Tesis de grado de Sociología. Universidad Nacional de San Juan.
**Esta nota fue originalmente producida por Priscila Castro Uriche, estudiante de Producción Gráfica Periodística I de la Lic. en Comunicación Social. El equipo de cátedra está integrado por los/as docentes: Norma Velardita, Jorge Segovia, Walter Vilca y Yanina Urcullu y los/as egresados/as adscriptos/as: Santiago Staiger y Ernestina Muñoz.

