¿Alguna vez pensaste en el cuidado como un derecho?
Por Rocío Jalaf y Flavia Mirazzo
Cuando escuchamos hablar sobre derechos nos surgen muchas preguntas; pero hay una que aparece con más fuerza: ¿alguna vez pensamos el cuidado como un derecho?
El jueves 17 de septiembre nos reunimos a las 17 horas en el Complejo Universitario Islas Malvinas de la Universidad Nacional de San Juan, en el marco del 3º Encuentro Nacional de Educación Superior y Derechos Humanos, para participar de una ronda de debate. Lo que en un principio parecía un intercambio de ideas terminó convirtiéndose en un espacio de diálogo, escucha y reflexión sobre una palabra que, aunque forma parte de nuestra vida cotidiana, muchas veces no nos detenemos a pensar: el cuidado.
Personas provenientes de Buenos Aires, Entre Ríos, Paraná, La Pampa, San Luis y San Juan se encontraron en el Aula 37 del CUIM blanco para poner en discusión qué entendemos por cuidado. Lo enriquecedor del encuentro fue compartir con estudiantes, profesionales y jubilados de una gran diversidad de carreras, entre ellas Abogacía, Ciencias Políticas, Comunicación, Filosofía, Arquitectura, Trabajo Social y Ciencias de la Educación. Distintas edades, recorridos y distintas formas de mirar el cuidado empezaron a encontrarse en un mismo espacio. La ronda se llamó El cuidado como Derecho Humano y fue coordinada por Julia Comoglio, Noelia Olivera y Andrea Vallejos, quienes guiaron la conversación y dieron lugar a las distintas voces que participaron del encuentro.
Debemos reconocer que antes de esta ronda de debate quienes escribimos teníamos algunas ideas sobre la temática, pero eran más bien aproximaciones, pensamientos pasajeros, nada demasiado concreto. Eso cambiaría completamente después de escuchar las experiencias y reflexiones que aparecieron durante la conversación y esperamos que suceda lo mismo con quienes están leyendo esta nota.
La propuesta partió de ideas que parecían sencillas, pero que terminaron abriendo diversas preguntas que quizás no tenían una respuesta en el momento y que justamente por eso nos dejaron pensando: ¿qué significa tener derecho a ser cuidado? ¿Qué sucede cuando cuidar se convierte en una tarea cotidiana que recae, una y otra vez, sobre las mismas personas?
Entre mates y tutucas, nos sorprendió escuchar a las personas presentes hablar desde la experiencia, con conocimiento y mucha pasión. Cada intervención abría una nueva pregunta, una nueva realidad y principalmente, nos permitía mirar el cuidado desde lugares que quizás antes no habíamos considerado. La ronda nos llevó también a pensar el papel de la universidad pública, el Estado y toda la sociedad para generar espacios de participación, debate y construcción de proyectos que respondan a las necesidades actuales, incluso en los entornos digitales.
Pero también nos llevó a preguntarnos algo más personal ¿desde qué lugar estamos mirando el cuidado?
Un derecho con diferentes dimensiones
Cuidar puede ser acompañar a una persona, escucharla, criar, realizar tareas domésticas, sostener emocionalmente a alguien, atender una necesidad o simplemente estar presente. Pero también puede significar algo que muchas veces queda relegado, cuidarse a uno mismo.
La investigadora Laura Pautassi plantea que el cuidado debe comprenderse como un derecho que incluye tres dimensiones fundamentales: “el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado” (Pautassi, 2007, p.18). Esta idea nos lleva a comprender otra expresada con claridad por Vanina Escales, periodista y activista feminista, quien sostiene: “cuidar no es solo un acto individual de amor o responsabilidad: es una tarea fundamental para que la sociedad funcione”.
Sin embargo, llevar este concepto a la vida cotidiana abre una tensión difícil de responder ¿cómo cuidar a otros sin dejar de cuidarnos a nosotros mismos?
Y mientras tomábamos notas y escuchábamos las distintas opiniones, aparecía algo que después entendimos que ya había sido pensado y discutido desde diferentes lugares. Estas preguntas no aparecen de la nada: también vienen siendo abordadas por distintas teorías desde diferentes disciplinas que han pensado problemáticas vinculadas con el poder, el trabajo, la educación y las formas de organizar nuestra vida en sociedad.
Aquello que muchas veces no vemos
Uno de los momentos de la charla que más nos hizo reflexionar fue aquel en el que compartimos sobre aquellas tareas que históricamente realizaron principalmente las mujeres y que, por formar parte de la rutina diaria, muchas veces quedaron invisibilizadas.
En este momento de la conversación estamos seguras de que más de una comenzó a pensar en aquello que hace cotidianamente: cocinar, lavar los platos, limpiar, acompañar a los hijos, cuidar a una persona mayor o sostener emocionalmente a una familia. Sí, son acciones cotidianas, pero también surge un tema importante: son cuestiones fundamentales que todos necesitamos, pero que durante mucho tiempo no fueron reconocidas como un trabajo. Nos animamos a decir que aún falta mucho para que así sea.
Una de las expositoras mencionó el libro: ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? de la escritora y periodista Katrine Marçal. La mención apareció como una puerta para pensar justamente aquello que sostiene la vida cotidiana y que muchas veces queda fuera de lo que entendemos por trabajo. Al principio nos reímos y podríamos decir que fue una risa por la ironía, por la realidad y por lo que planteaba ese simple pero a su vez profundo título. ¿Quién se ocupaba de las tareas cotidianas mientras Adma Smith, economista y filósofo escocés, pensaba cómo funcionaba la economía? Alguien tenía que preparar la cena, lavar los platos, limpiar o cuidar. Mientras algunas actividades son reconocidas como parte del sistema económico y reciben legitimación, otras tareas indispensables para sostener la vida quedan dentro del ámbito privado y muchas veces no son valoradas incluso en términos económicos.
Estas cuestiones nos llevaron a preguntarnos ¿de dónde vienen las ideas que asocian históricamente el cuidado con una supuesta característica “natural” de las mujeres?, ¿qué relación tienen esas ideas con la forma en que se organizó el trabajo y la sociedad?
En otro momento, una de las personas asistentes mencionó a Michel Foucault, lo que nos introdujo de manera más explícita en la discusión acerca de las relaciones de poder y la manera en que determinadas prácticas y discursos terminan organizando nuestras formas de vivir. Porque hablar de cuidado también implica mirar las desigualdades que existen alrededor de quién cuida, cuánto tiempo dispone para hacerlo y qué reconocimiento recibe por esa tarea. A su vez, como ya dijimos, supone pensar en que es una tarea necesaria para vivir en sociedad.
Entonces, pensar el cuidado como derecho implica comprender que todas las personas, en algún momento de sus vidas, necesitan recibir cuidados, pero también que quienes cuidan necesitan contar con condiciones dignas para realizar esa tarea. No se trata solamente de una cuestión privada o familiar. El cuidado atraviesa la vida social y requiere la participación de diferentes actores.
La pregunta deja de ser solamente quién cuida, para empezar a pensar ¿cómo construimos una sociedad donde todas las personas puedan cuidar y ser cuidadas? Y ahí comenzaron a aparecer conceptos como pedagogía del cuidado, politicidad del cuidado, corresponsabilidad, jerarquización del cuidado e interseccionalidad. Expresiones que, al principio, podían parecer lejanas, pero que fueron tomando sentido a medida que las distintas voces las relacionaban con situaciones concretas.
Mientras avanzaba la conversación también apareció la idea de que no todas las personas cuidan ni son cuidadas en las mismas condiciones. El género, la edad, la situación económica, las condiciones laborales y otras desigualdades hacen que algunas personas tengan más posibilidades que otras de acceder al cuidado o de disponer de tiempo para cuidarse.
La conversación también nos llevó a pensar en otros espacios y contextos. El autor Paulo Freire fue mencionado más de una vez por los asistentes en relación a la educación, al diálogo y a pensar colectivamente las realidades que nos atraviesan. Y quizás esto también tenga que ver con lo que estábamos haciendo en ese momento: escucharnos, compartir experiencias y pensar juntos algo que forma parte de nuestra vida cotidiana, pero que no siempre nos detenemos a mirar.
El avance de las tecnologías, los cambios en las formas de trabajar, aprender y relacionarnos y conceptos como el tecnofeudalismo abrieron nuevas preguntas sobre cómo se organiza nuestra vida en el presente y qué lugar ocupa el cuidado en este contexto de transformaciones.
Luego de más de una hora compartiendo pensamientos, teorías y realidades, llegamos al punto final con una reflexión: ¿qué podemos hacer nosotros para visibilizar el gran abanico de temas que conlleva pensar cuidado como derecho?
Algunos destacaron que ciertos actores e instituciones tienen la obligación de llevarnos a conversar estos temas. Nos desalentamos un poco al darnos cuenta de la compleja realidad que vivimos, pero una frase de Norma Aubone, una de las participantes de la ronda, nos mantuvo a flote: “debemos dejar de tener todo escrito; necesitamos generar debate, concretar y escucharnos”.
Esa frase sintetizó parte del espíritu de la jornada. Porque muchas veces existen documentos, investigaciones y normas, pero también es necesario crear espacios donde las personas puedan encontrarse, intercambiar experiencias y construir nuevas respuestas.
Una pregunta que queda abierta
El tiempo de la ronda terminó antes que las preguntas. Algunas quedaron sin una respuesta definitiva y quizás ese sea uno de los sentidos de estos encuentros: no cerrar las discusiones, sino abrirlas.
Nos fuimos con la sensación de que todavía quedaba mucho por hablar. También con la certeza de que estas problemáticas no pertenecen a un solo lugar ni a una sola disciplina. Desde las universidades y otros espacios de todo el territorio se siguen generando encuentros para pensar qué significa cuidar, ser cuidado y poder cuidarse.
Quizás, una de las reflexiones más importantes que nos dejó esta experiencia es entender que cuidar no debería ser una tarea invisible ni una responsabilidad de unos pocos. Porque si todos, en algún momento, necesitamos ser cuidados, también necesitamos preguntarnos ¿quién cuida a quienes cuidan?
Quizás el próximo debate vuelva a comenzar justamente donde terminó este: preguntándonos desde dónde estamos mirando el cuidado y qué podemos hacer, desde ese lugar, para que cuidar y ser cuidados sea realmente un derecho.
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Foto de portada: “Eso que llaman amor es trabajo no pago”. Mural de la artista Ailén Possamay en el barrio porteño de Constitución, una intervención que busca visibilizar las tareas de cuidado y cuestionar cómo se distribuyen socialmente..


Felicitaciones, por abordar el tema,hay que seguir generando encuentros para el debate, la búsqueda de respuestas y principalmente escucharnos.
Excelente nota,espero poder participar de estos cambios posibles.